miércoles, 23 de diciembre de 2009

Horas Caídas

Caen velocípedos sonidos en el témpano del alma. Desangra la dignidad de resistir la cadencia de abejas asesinas. Ronronean espacios de libertad en el pecho de la amazonía boreal. Discurren sus cañones de tóxicos ademanes en los poliedros del bien. Ahí van los velocípedos golpes con sus estridencias de tambores en nuestros oídos. Nadie nos detendrá contra el abismo de sus amenazas de negras flores

Ataques

Juegan ping pong con nuestras palabras

Van y vienen con sus metrallas

Con sus caras firmes pintadas por la noche

Asesinan sueños

destruyen la caricia de los niños

Secuestran el vientre de mujeres en la esquina

Se cansan de sus corridas de toros en la arena

Juegan a la muerte con sus hilos de sicarios empedernidos

La cena de los cerdos

Homo fagos del poder

celebran con el cockteil de la sangre de los Ángeles caídos

hablan de paz en rendijas de pantallas de abominables patrañas

en sus conciencias flota la serpiente de la culpa

y el lagarto de túnicas beatifica las ordenes de muerte

la perfección de los cerdos lame la silla de la brevedad

porque que se arrastran en la ciénaga de las leyes

que inventan en sus cabezas de hojalata

Por Oscar Sierra

Del libro poetico Horas Caidas

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