viernes, 31 de julio de 2009

El Ejecutor

El ejecutor
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El hombre fornido, ropaje moteado y luego adquirió un semblante de vengador en el pespunte de la discreta maniobra. Rifle con niquelado, con ultra lente de máxima concavidad-convexa. Con un ojo ceñido y el otro incrustado en la redondez de la mira telescópica .Su frente demarcada de cicatrices causadas en combates selváticos y desérticos. Gimnástico cuello como un verdadero tesón y su nariz lánguida. Detectó de modo cenestésico el punto estratégico de la línea tangencial de 360 grados de distancia.
“El coronel salía del portal de un edificio de un hotel de fama capitalina, custodiado por un cardumen de guardaespaldas”. En el quinto floor del edificio, sostiene una carabina en el eje crucial del gatillo, con el dedo meñique listo para oprimir la percusión exacta sin desvarío--¡nunca he fallado!---.El cielo oscuro con nubes grises.
--¡va a llover!- afirmó tácito— ¡apúrate dispárale a ese viejo alimaña!—le ordenaba una voz desde el interior de su conciencia.
--¡“acuérdese cuando su esposa murió en mis brazos, ellos le echaron al perro “Máuser” y le metieron una botella quebrada en la glándula vaginal hasta sacarle la existencia de su cuerpo”
Tomó respiración como aturdido por una congoja de recuerdos oscuros y sangrientos. “El coronel conversa con ciertos colegas de la familia castrense”.
--apúrese carajo ¿que espera?---El ejecutor aseguró el ángulo, hundió con destreza el gatillo con toda la fuerza de sus sentimientos. La percusión detonante en silbidos agudos. (El coronel siente un frio en su pecho, lado izquierdo.
Cae embrocado, los soldados se mueven de un lugar a otros, alertas y urgidos queriendo adivinar el origen del disparo.---- ¡Vino de allá!-argumentó señalando el cielo--- ¡No se percataron!---Arguyó el teniente Núñez auxiliando al coronel. Soldados con sus radios transistores, hablando en códigos---No dejen salir a nadie del hotel---ordenó empedernido. El disparo le dañó el retículo endosplamatico.
El tirador con la velocidad de una bala guarda la carabina de alto calibraje en un cartapacio que tiene forma de una guitarra. Buscó en una carrera atlética la salida del edificio.
“-ahorita le están rezando al coronel le mallugaron la cabeza con un balazo en el alma”-dijo en su interior abrazando tímido y consolante a la esposa del coronel.
--“el asesino esta aquí entre nosotros”—confirmó el teniente Núñez haciendo señas calladas a Mario.
--“ahorita los miro llorar, sufran cabrones de mierdas!”— sin palabras en la matriz de su silencio entre la multitud.
Oscar Sierra

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